La vida de la reina Sofía quedará marcada de manera definitiva este sábado 17 de enero, tras enfrentar el doloroso momento de ofrecer el último adiós a su hermana, la princesa Irene de Grecia, en la capital española. Este acto fúnebre precede al traslado de los restos de la integrante de la realeza helena y danesa hacia el Cementerio de Tatoi, en Grecia, donde recibirá sepultura definitiva en un par de días. El fallecimiento de la princesa, quien habitó en el Palacio de la Zarzuela por más de treinta años, fue comunicado por la Casa Real el pasado 15 de enero.
Al filo del mediodía de este sábado, la familia real de España, acompañada por amigos íntimos y parientes, se congregó en la Catedral Ortodoxa Griega de San Andrés y San Demetrio de Madrid. En este recinto se ofició una misa en memoria de la hija menor de los reyes Pablo y Federica. Para permitir que el público y allegados rindan sus respetos, se estableció que la capilla ardiente permaneciera disponible entre las 13:00 y las 18:00 horas, facilitando las muestras de afecto hacia la institución monárquica.
En este trance de profunda aflicción, la reina emérita contó con la compañía ininterrumpida de los reyes Felipe VI y Letizia, así como de sus nietas, la princesa Leonor y la infanta Sofía. La unidad familiar fue notable desde su arribo al templo, reflejando el sostén hacia Doña Sofía ante la partida de quien fuera su consejera más cercana. De igual manera, las infantas Elena y Cristina, junto a varios de sus hijos —Victoria Federica, Pablo, Miguel e Irene Urdangarin—, se hicieron presentes para manifestar su solidaridad.
Dada la extensa red de parentesco de la princesa, conocida afectuosamente como ‘tía Pecu’, diversas figuras de la realeza continental acudieron al llamado en Madrid. Entre los asistentes destacaron Alexia de Grecia con su esposo Carlos Morales, además de Kubrat y Kyril de Bulgaria, quienes viajaron para arropar a la rama española de la familia. No obstante, se notó la ausencia del rey emérito Juan Carlos I, quien “por motivos de salud”, prefirió permanecer en Abu Dabi, ciudad donde reside y donde probablemente se encuentre con su nieto Froilán, quien tampoco viajó para el sepelio, al igual que Juan Urdangarin.
Los pormenores del interior del recinto fúnebre revelaron el clima de honda tristeza que embarga a los deudos ante esta pérdida irreparable. Un elemento de gran simbolismo que captó la atención de los presentes fue la ornamentación del ataúd. Como homenaje a sus raíces y linaje, el féretro fue resguardado por una bandera de amplias dimensiones que lucía el estandarte representativo de la Familia Real de Grecia.
