En Sonoyta la vida de Leyla terminó en manos de dos adolescentes de 13 y 15 años, no fue un acto repentino ni una reacción sin pensar: hubo un plan donde se fue ejecutando poco a poco
hubo engaño, hubo premeditación y una confianza rota que hasta el dia de hoy sigue causando indignació
El caso de Leyla Monserrat, la adolescente de 15 años asesinada en septiembre de 2025 por las quienes consideraba sus ¨Amigas¨ ha puesto de manifiesto la profunda descomposición del sistema nacional mexicano.
Leyla tenía apenas 15 años. Aquella noche había acompañado a su mamá a una fiesta: cenaron juntas, rieron, compartieron momentos que parecían tan cotidianos como entrañables. Nada hacía presagiar que esa salida se convertiría en un recuerdo definitivo. Al despedirse, caminó tranquila, envuelta en la rutina de cualquier adolescente que regresa a casa, sin saber que el rumbo de su destino ya había cambiado para siempre.
En el trayecto se encontró con Monserrat, de 13 años, quien la llamó con naturalidad y le propuso acompañarla a ver a Britani porque, según dijo, tenían una sorpresa preparada para ella. No había motivo para desconfiar. Eran rostros conocidos, voces familiares, una invitación que parecía inocente.
Las tres llegaron a una casa. Dentro, la condujeron a un cuarto deteriorado, con colchones viejos, llantas apiladas y paredes desgastadas. El lugar no tenía nada de festivo, pero entre bromas y risas todo fue presentado como parte del supuesto juego. Primero le pidieron sentarse. Luego le cubrieron los ojos. Leyla todavía creyó que participaba en algo inofensivo.
Mientras una grababa, otra habló con tono burlón: “Esta sorpresa que nadie te ha dado… no se te va a olvidar jamás”. Después vino la cuenta regresiva: “¿Estás lista? Uno… dos… tres…”.
Fue en ese instante cuando todo cambió. Detrás de ella apareció el trozo de tela, colocado alrededor de su cuello. Cada una tomó un extremo y comenzó a jalar con fuerza. Lo que segundos antes parecía una broma se convirtió en violencia directa. Leyla intentó reaccionar, buscar aire, entender lo que estaba ocurriendo, pero la presión aumentó. No hubo tiempo para defenderse. En apenas un minuto, la respiración se extinguió mientras todo seguía siendo grabado.
Después vino el silencio. No el remordimiento, sino la decisión de ocultarlo: enterraron el cuerpo en el patio.

Mientras la sociedad sigue conmocionada por el video donde las agresoras grabaron el crimen, el Poder Judicial ha respondido con una bofetada a la memoria de la víctima: penas ridículas que no alcanzan siquiera los tres años de internamiento.
Véase también: https://entornoinformativo.com.mx/amenaza-de-muerte-a-su-madre-y-lo-detienen-en-la-comisaria-miguel-aleman/
La resolución del caso a cargo del Juez Fernando Krimpe Félix, ha indignado al país ya que una de las responsables (Britani) recibió apenas 2 años y 10 meses de cárcel, mientras que la otra (Monserrat) fue beneficiada con 11 meses de “libertad asistida”.
Esta sentencia, amparada en la Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia para Adolescentes, es el reflejo de un Poder Judicial desconectado de la realidad, que prioriza tecnicismos legales sobre el derecho a la justicia de las familias destrozadas.
Reducir un asesinato premeditado, tortuoso y grabado en video a una “falta administrativa” de menos de un año es enviar un mensaje peligroso: en México, la vida de una mujer joven no vale nada ante los ojos de un juez.
El feminicidio de Leyla no es un caso aislado, sino el síntoma de una metástasis nacional.
Según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Sonora se mantiene constantemente en el “top 10” de entidades con mayor tasa de feminicidios por cada 100 mil mujeres. La violencia en municipios fronterizos como Plutarco Elías Calles (Sonoyta) ha escalado ante la inoperancia de las autoridades estatales.
A nivel nacional, México cierra el año con cifras que promedian entre 10 y 11 mujeres asesinadas al día. Lo más alarmante es la tasa de impunidad: más del 95% de los delitos contra mujeres nunca llegan a una sentencia condenatoria justa.
El trabajo de la Fiscalía y los jueces en este caso es una muestra de negligencia institucional. No se trata solo de la edad de las agresoras, sino de la falta de criterios de gravedad y la ausencia de una reforma que realmente castigue la crueldad extrema.
Mientras los magistrados se esconden tras sus escritorios y códigos obsoletos, la familia de Leyla queda condenada a una cadena perpetua de dolor, viendo cómo las asesinas de su hija recuperarán su vida normal en cuestión de meses. La justicia en Sonora no es ciega; es indiferente, lenta y, sobre todo, profundamente injusta.

También puedes visitar: https://fm105.com.mx/fgjes-investiga-hechos-relacionados-con-el-fallecimiento-de-dos-personas-en-hermosillo/

