La independencia artística, es un triunfo que se ha convertido en el objetivo principal de los músicos actuales, quienes buscan liberarse de contratos firmados durante su infancia.
Grandes figuras del pop y el rock han demostrado que es posible vencer a los gigantes de la música para obtener el manejo total de sus composiciones. En esta independencia artística, destaca el caso de Frank Ocean, quien financió de su propio bolsillo la recuperación de sus masters para lanzar su música sin presiones externas. Asimismo, la rapera Iggy Azalea celebró su salida de los sellos tradicionales para convertirse en una empresaria capaz de decidir cuándo y cómo compartir sus nuevas canciones con el público global.
Fomentar esta independencia artística requiere de una visión estratégica a largo plazo y, en ocasiones, de volver a grabar álbumes completos para invalidar versiones de terceros. JoJo es un claro ejemplo de resiliencia, tras luchar años contra una disquera que congeló su carrera, logrando finalmente fundar su propia compañía para proteger su talento. Con el cierre de giras mundiales y el lanzamiento de discos bajo sellos propios, estos artistas confirman que ser dueño de su propia narrativa es el mayor premio al que pueden aspirar.
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Lorde finalizó su contrato con Universal a finales del año pasado, asegurando que se siente inspirada por el lienzo en blanco que tiene ahora por delante. Chance the Rapper fue una pieza clave para que Anita Baker recuperara sus grabaciones de hace 30 años, demostrando la solidaridad que existe entre colegas. Shamrock Capital fue la firma que anteriormente poseía los derechos de las canciones más icónicas de Taylor Swift antes de que ella lograra recomprarlos definitivamente.
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Rolling Stone destacó que los contratos leoninos están dejando de ser la norma gracias a la educación financiera y legal de las nuevas generaciones de cantantes. Virgin es el título del álbum más reciente lanzado bajo la estructura de una gran disquera antes de que la artista neozelandesa optara por la autonomía total. La Ley de Derechos de Autor sigue siendo la herramienta más poderosa para que los veteranos de la industria vuelvan a ser los beneficiarios directos de sus éxitos de antaño.

