Integrantes de Las Perdidas en el ojo del huracán

Integrantes de Las Perdidas en el ojo del huracán

Las integrantes del grupo Las Perdidas enfrentan duras críticas debido a la resurrección de transmisiones antiguas con contenido sensible sobre infantes.

Wendy Guevara y Paola Suárez, piezas clave de Las Perdidas, han tenido que salir a dar explicaciones tras la difusión de fragmentos grabados entre 2017 y 2018. En dichos videos, ambas influencers realizan comentarios de carácter sexual que involucran a menores de edad, lo que generó una ola de indignación global. Ante la presión mediática, admitieron que en sus comienzos priorizaban generar controversia para ganar notoriedad en el mundo digital, sin medir el daño que podrían causar sus declaraciones.

Aunque las figuras de Las Perdidas aseguran que se trató de humor improvisado influenciado por personajes de la televisión mexicana, la crítica apunta a la normalización de la violencia simbólica. Wendy Guevara aprovechó su espacio en televisión abierta para reiterar que de todo corazón pide disculpas y que su intención nunca fue promover conductas delictivas. Este episodio marca uno de los momentos más tensos en la trayectoria de las influencers desde que alcanzaron la fama masiva en todo el país.

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Dentro de los espacios de opinión, se ha señalado que este tipo de declaraciones son peligrosas independientemente de si existe o no una denuncia formal ante las autoridades. La responsabilidad social de los “influencers” es un tema que vuelve a cobrar relevancia ante la facilidad con la que resurge el pasado en la era del internet. La comunidad digital exige que los límites de la comedia sean respetados, especialmente cuando se trata de poblaciones vulnerables como los niños y niñas.

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Paola Suárez aclaró que no hay ningún hecho real vinculado a esas palabras, buscando calmar la preocupación de sus millones de suscriptores. Mientras tanto, el equipo de trabajo de las artistas se enfoca en gestionar la crisis de imagen para proteger los contratos y proyectos vigentes en este 2026. El aprendizaje de este suceso parece ser un llamado a la ética y a la revisión constante del discurso que se proyecta ante las nuevas generaciones en las plataformas sociales.

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