Editorial

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El huracán Polo sigue siendo un fenómeno poderoso y, aunque por ahora Guaymas y Empalme están lejos de su zona de impacto directo, sería un error guardar los impermeables y dar por terminado el asunto. En meteorología las rutas cambian y los pronósticos se actualizan constantemente. Precisamente por eso, estos días deben aprovecharse para prevenir y no para esperar a ver qué sucede. La tarde de ayer miércoles 23 de septiembre, Polo se mantenía como huracán categoría 4, con vientos máximos sostenidos cercanos a 230 kilómetros por hora y desplazamiento hacia el noroeste a unos 11 kilómetros por hora. El sistema estaba aproximadamente a 240 kilómetros al sur-suroeste de Zihuatanejo y 420 kilómetros al sur-sureste de Manzanillo.

Para Sonora, la información disponible exige prudencia. El jefe de Meteorología de Conagua en el estado, Gilberto Lagarda, señaló que, de conservar Polo su desplazamiento actual, no se anticipan efectos directos en la entidad; sin embargo, modificaciones posteriores podrían permitir ingreso de humedad. Otros escenarios meteorológicos han mantenido vigilancia sobre posibles efectos indirectos hacia finales de septiembre. Es decir: ni alarma ni confianza excesiva.

Y precisamente la lluvia registrada ayer en Guaymas y Empalme puede verse como una especie de ensayo para lo que las autoridades deben hacer si durante los próximos días aumenta la humedad y regresan las precipitaciones. Las lluvias anteriores dejaron una lección demasiado reciente. En Guaymas hubo deslaves, encharcamientos, caída de postes y árboles, problemas en Fátima y el cierre preventivo del paso del arroyo San José. El Ayuntamiento desplegó cuadrillas para retirar escombros, limpiar rejillas y liberar vialidades. Empalme enfrentó una situación todavía más complicada. En las precipitaciones de mediados de septiembre se reportaron viviendas con ingreso de agua y fue necesaria la intervención coordinada de Protección Civil, Marina y brigadas de respuesta; incluso se mantuvieron refugios temporales disponibles. En términos generales, las autoridades municipales respondieron bien ante esas contingencias. Hubo recorridos, limpieza, atención de emergencias y coordinación institucional. Ahora toca reforzar ese trabajo. Antes de cualquier nueva lluvia importante deberían revisarse alcantarillas, rejillas, cauces y puntos donde tradicionalmente se acumula el agua; retirar tierra, basura y ramas; mantener maquinaria disponible y verificar las zonas donde los escurrimientos representan riesgo para viviendas y automovilistas. También urge aprovechar estos días para mejorar los servicios y atender reportes pendientes.

Las lluvias recientes exhibieron nuevamente dos puntos especialmente sensibles: energía eléctrica y suministro de agua. CFE y Comisión Estatal del Agua tienen que estar incorporadas desde antes a cualquier esquema preventivo. Una tormenta puede durar unas horas, pero una falla eléctrica o hidráulica puede prolongar durante días las consecuencias para las familias.

Eso significa comunicación directa entre ayuntamientos, Protección Civil, CFE, CEA, Bomberos, Seguridad Pública y demás instituciones de respuesta. Que cada dependencia sepa qué hacer antes de que empiece a llover, en lugar de comenzar a intercambiar teléfonos mientras ya corre el agua por las calles. Polo también representa una oportunidad para la ciudadanía. La prevención empieza por informarse correctamente. Nada ayudan audios alarmistas, mapas viejos, publicaciones sin fecha ni cadenas que convierten cualquier línea dibujada sobre el Pacífico en sentencia definitiva. La Coordinación Nacional de Protección Civil ha insistido precisamente en consultar canales oficiales y atender las indicaciones de las autoridades. Los medios de comunicación tenemos igualmente una responsabilidad: actualizar, verificar y explicar. Un huracán cambia de intensidad, velocidad y dirección. Lo informado por la mañana puede ser distinto por la tarde.

Por ahora Polo se mantiene lejos y el escenario vigente no establece un impacto directo sobre Sonora. Eso puede cambiar y por ello debe continuar la vigilancia. Después de lo vivido recientemente, Guaymas y Empalme ya saben cuáles son sus puntos débiles y también cuáles mecanismos funcionan. La mejor noticia dentro de algunos días sería informar que Polo siguió lejos, que apenas dejó humedad o algunas lluvias y que nada grave ocurrió. Y si así sucede, nadie debería pensar que trabajar de manera preventiva fue inútil.

En temporada de huracanes, prepararse para el peor escenario es obligación de autoridades como lo están haciendo para proteger a sociedad.

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